A poco de la sublevación de la parte más reaccionaria del Ejército y de su fracaso inmediato con el estallido de la Revolución proletaria y el derrumbe del Estado republicano burgués (19 de julio de 1936), milicias de las organizaciones obreras partieron de Madrid al frente de Guadalajara. La pareja de revolucionarios argentinos formada por Hipólito y Mika Etchebéhère se unió a una columna del POUM. Hipólito cayó bajo las balas fascistas en Atienza al mes de entrar en combate, y Mika tomó las riendas de la columna. Sería después, con la militarización de las milicias, la única mujer con mando de tropa durante la guerra. Por órdenes (equivocadas) del mando republicano, la columna se refugió en la catedral de Sigüenza, donde resistieron varios días en precarísimas condiciones junto con 700 personas, incluidas mujeres y niños. Los fascistas no dudaron en destrozar “su” templo y masacrar a los refugiados. Solo unos pocos lograron escapar antes de la matanza, entre ellos la propia Mika, quien lo narra exquisitamente en su libro Mi guerra de España (Éditions Denoël, 1976 – reeditado en castellano por Alikornio Ediciones, 2003).
71 años después, hemos recuperado la memoria que no nos contaron ni unos ni otros (pues no había dos grandes bandos sino tres), rindiendo en el mismo lugar un merecido homenaje a quienes cayeron en la lucha por una sociedad justa. Y lo más importante, la mantenemos viva. La Fundación Andreu Nin organizó los tres últimos días de septiembre unas jornadas tituladas “Memoria de revolución”, con éxito participativo. Seis decenas de jóvenes y no tan jóvenes, mujeres y hombres, autóctonos y foráneos, compartimos seminarios históricos, debates, talleres, proyecciones fílmicas y un emotivo recorrido por los lugares de la histórica batalla, guiados por Ignacio Costero, miliciano socialista que ayudó a escapar a algunos de los asediados, y que a sus más de 90 años nos llegó al corazón con su aplomo y clarividencia, con su prodigiosa memoria, su carácter positivo y buen humor, y su convicción socialista que no ha cedido ni a la cárcel ni a la vejación.
Con la participación de las Fundaciones 1 de Mayo y Anselmo Lorenzo, la virtud de las jornadas es que no tuvieron un carácter cerrado, sino abierto a tendencias políticas del movimiento obrero que, con sus distintas concepciones sobre la organización social, lucharon en el bando de la revolución. A pesar de que hoy nos encontramos distanciados en la unidad de acción contra los ataques del capitalismo, el valor de este tipo de actividades es que contribuyen a compartir siquiera cuestiones de memoria histórica que en muchos casos es común. Los tiempos, muy lentos hoy, de la lucha de clases, deberán ir acercándonos de nuevo hasta conseguir la ansiada unidad. Aunque sea a las generaciones que nos sucedan.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada